El caso es que ahí empezó todo. Años después, mamá Peluche nos hizo la guerra psicológica y la ganó totalmente. La última mascota que tuvimos nos la sirvió en un plato con tallarines. No, no fue un gato, por si acaso. Esta vez, fue nuestro gallo Jorge Armando, llamado así en honor del galán de la telenovela “Viviana”, que veíamos infaltablemente cada noche (la repetición, por siaca, porque la novela es del 78). ¿Qué quieres que te diga? Eran las épocas en que no existía ni el cable y menos la Internet. Lo mismo se hubiera podido llamar Joe Jonas, te lo juro. Y pa' que veas de que gallo te hablo, te cuelgo un videíto. Pechazo de Héctor Bonilla.
Cada tarde, cuando volvíamos del colegio, nos acercábamos a la puerta del tercer piso y lo llamábamos “Jorge Armandooooo” y el gallito asomaba su cabeza y nos contestaba “Coooooooooo”. Ya tranquilitos, porque mi madre tenía sus antecedentes penales en eso de andar cocinando nuestros pollos, nos sentábamos a la mesa a almorzar. Pero se llegó el día en que Jorge Armando no salió a nuestro encuentro. Corrimos a la cocina a consultar las ollas y sartenes ¿y qué crees ? ¡Tallarines rojos! La sospechosa principal negó los cargos hasta el final e incluso nuestro hermano, el capellán del Ejército de Amigos de los Animales Insurrectos, se vendió al sistema. Lo encontramos sirviendo su platazo de Jorge Armando en salsa boloñesa. Así las cosas. El hambre produce infieles. XD
Vale decir que ni mi hermana, ni Yo comimos un sólo fideo, y desde allí ,para evitar huellas psicológico-culinarias, no más mascotas. Entonces, ya no era complicado comer carne de algún animalillo por ahí, siempre que no formara parte de la familia. Tal fue el caso del Cuy o Conejillo de Indias, como se le llama en algunas partes y que en nuestro país forma parte de una antigua tradición culinaria que data del tiempo de los Incas. Y “cuy, cuy” es el sonido que este simpático y exquisito,( ñám!) animalito emite, de ahí el nombrecillo. En otras partes del mundo es mascota, cierto, pero en nuestro país, las variedades de pelaje corto se usan para alimentación, debido a que se reproducen con facilidad (cómo algunas niñas que hasta terminan casadas con futbolistas), comen puras plantitas y contienen omega 3. Tal vez, puedas pensar que hice tooooda esta presentación del cuy para que no me tildes de bárbara e inconsecuente, pero no, son cada vez más las investigaciones que le atribuyen altas propiedades alimenticias a este pequeño roedor. Ah, sí! Roedor dije, pero no confundir con rata, ni hámster que no son la misma cosa. Mi abuela lo preparaba en una salsa roja, hecha de ají panca, galleta molida y maní, que era una delicia total. De esas comidas que tienes que probar con las manos para no dejar pero ni los huesitos en su lugar, y ni un dedito sin chuparte. Es parte de mi herencia serrana, creo Yo , eso de disfrutar tanto las comidas que mi madre aprendió de la abuela. Puro sabor a Norte. Pero como siempre hay paladares lampiños, mi hermana no atraca con el cuy y no sabe lo que se pierde.
Prueba de que si te sacudes los prejuicios respecto de esto puedes cambiar de opinión es que Gilbert, un chico que vino a trabajar a mi chamba de intercambio, directo desde Holanda, aprendió a comerlo. “¿Qué es lo más extraño que has comido hasta hora?” se me ocurrió preguntar, “Coy “ me dijo en su español mascado “ Ricouuu, pe-ro en Holanda ser mascouta. Vay a tener proublemas porque ya no mirarlo con mismos ojous ” y es que para acriollarse, el gringo no perdió tiempo. Cuídate Cuy Mágico que das plata porque el gringo se las sabía todas. Tanto así que en su cumpleaños, le compramos dos tortas y le cantamos el “happy birthday”, compartimos las porciones y unas gaseosas, entonces nos dijo “ En Holanda no se canta y tampouco se le invita tourta al del cumpleanios” nos soltó con ojitos azules picaronazos “Tons ¿qué se hace?” le preguntamos, “El que cumple anios le invita algou a todos, pero Yo nou lo iba a decirrr, jeje” ¡Ah! pendejo eres, ¿no, gringo? Seis meses en nuestro país lo volvieron más criollo que la mazamorra morada o el ceviche.
Pero volviendo a lo que uno come, que quede claro que no soy capaz de hacer un potaje de algún animalito doméstico de mi propiedad (ni de mis vecinos, ojo) y que el cuy no es mascota y comerlo es casi un hecho histórico. Lo que no me cae, pero ni con paracaídas es comer gato. Eso sí que no. Y no únicamente por respeto a mi Michina (que así se llamaba nuestra gata, que hoy integra la lista de desaparecidos por el régimen patriarcal), o en memoria del Blanquito o La Plomita, los gatos de mi tía de esos mismos colores (bueeeeeno! original para poner nombres no era) y tampoco por su Freddy (esta vez el nombre era en dudoso honor al jefe de mi primo), sino porque para mi es y será una mascota universal, como el perro. ¿Cómo me voy a comer a Silvestre o a Garfield? Aunque este último me caiga pesado. Ya. Fuerza G y sus cuyes de la CIA son algo reciente y no me generan más simpatías que las de imaginarlos al horno o chactados, estilo Arequipa y directo a mi plato. Ñám! Me perdonarás.
Sin embargo, es verdad que en nuestro país se come gato. No tanto como en la China, en donde hasta hay restaurantes dedicados a esta "especialidad culinaria" que han desatado las protestas de los grupos animalistas. En Cañete, por ejemplo, existe el Festival Gastronómico del Gato, dentro del marco de las celebraciones del Día de Santa Efigenia, protectora del arte negro (nunca de los gatos, ya se ve) que es en setiembre. Chicharrón de gato, Gato a la milanesa, Gato al huacatay y otros inventos mininos, son los platos más representativos. Se dice que para la ocasión, se les cría con los cuidados que amerita el caso. Esta costumbre, es una herencia de los antepasados de los pobladores del Distrito de La Quebrada, en Cañete, donde antiguamente hubo esclavos y haciendas. Supongo que por necesidad aprendieron a servirse de lo que había a su alcance. Aunque no está extendida a todo el Perú, debido a que en nuestra capital se dio y se da el fenómeno de la inmigración, hay personas que trajeron a Lima esta costumbre. Sospechamos que a Blanquito se lo comieron los vecinos del Parque Nosiglia de Breña. Es en serio, cada cierto tiempo hacían su "gateada" y desaparecían los michis del barrio y aunque mi prima amenazó con demandarlos, previa sacada de madre, lo cierto es que nadie te toma en serio. Hasta con letreros es la cosa, de un estilo, más o menos así, como este que capté en una imprenta, durante mis últimas vacaciones. Con concha y pana, el anuncio.
Lamentable para todos los animales domésticos en particular y controversial e injusto para todos los demás en general, pero lo cierto es que algunos no podemos vivir sin comer carne o no concibimos la vida así. Nos escandalizamos cuando sabemos que en la India, la gente puede morir de hambre pero jamás se comería a una vaca y es que finalmente, todo pasa por un tema cultural, de costumbres ancestrales, tradiciones y también de religión. Siempre he dicho que sería una buena vegetariana... sino tuviera alternativa, no me hago la que no. Sin embargo, me han enseñado que "a donde fueres, haz lo que vieres" y no sé realmente qué cosa me toque comer en la vida. Tal vez, mañana sea un suri. Ese gusano de la selva peruana que se encuentra en la planta del aguaje y se come frito o en brochetas. Me han dicho que es muy rico, pero la idea de tener algo medio baboso en mi boca que no sea mi lengua, me dá guácala.Yo me resisto y no atraco.
Dato curioso: Yo googleando el suri, me aparecen fotos de la hija de Tom Cruise. ¿Tendrá la menor idea Mr. Misión Imposible de que le puso el nombre de un gusano a su retoña fashion?
Se me antojó una ensalada. Permiso.
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| Cuy Mágico que apoya empresarios, ven a mi! |
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| A tí, solamente a besos te comería. China Toon no comel gato |
Sin embargo, es verdad que en nuestro país se come gato. No tanto como en la China, en donde hasta hay restaurantes dedicados a esta "especialidad culinaria" que han desatado las protestas de los grupos animalistas. En Cañete, por ejemplo, existe el Festival Gastronómico del Gato, dentro del marco de las celebraciones del Día de Santa Efigenia, protectora del arte negro (nunca de los gatos, ya se ve) que es en setiembre. Chicharrón de gato, Gato a la milanesa, Gato al huacatay y otros inventos mininos, son los platos más representativos. Se dice que para la ocasión, se les cría con los cuidados que amerita el caso. Esta costumbre, es una herencia de los antepasados de los pobladores del Distrito de La Quebrada, en Cañete, donde antiguamente hubo esclavos y haciendas. Supongo que por necesidad aprendieron a servirse de lo que había a su alcance. Aunque no está extendida a todo el Perú, debido a que en nuestra capital se dio y se da el fenómeno de la inmigración, hay personas que trajeron a Lima esta costumbre. Sospechamos que a Blanquito se lo comieron los vecinos del Parque Nosiglia de Breña. Es en serio, cada cierto tiempo hacían su "gateada" y desaparecían los michis del barrio y aunque mi prima amenazó con demandarlos, previa sacada de madre, lo cierto es que nadie te toma en serio. Hasta con letreros es la cosa, de un estilo, más o menos así, como este que capté en una imprenta, durante mis últimas vacaciones. Con concha y pana, el anuncio.
| Gran gateada bailable.Ven a comer tu rico gato michi michi En el jato de la tía Laura De boleto, hasta morir. |
Dato curioso: Yo googleando el suri, me aparecen fotos de la hija de Tom Cruise. ¿Tendrá la menor idea Mr. Misión Imposible de que le puso el nombre de un gusano a su retoña fashion?
Se me antojó una ensalada. Permiso.




















