3 jun. 2010

“¡Hermana, por Alá sobre ti! Cuéntanos una historia maravillosa que nos haga pasar la noche.”

Y Yo me valgo de la frase (así entro en ambiente)con que la pequeña hermana de Scherezada , propicia la narración de las Mil y una noches, para referirme a otra historia similar, pero más moderna, narrada en el libro del autor libanés Rabih Alameddine : el Contador de historias (en la foto), que hace unos días, (por fin!!!) acabé de leer. No miento, fue muy gratificante, hacía tiempo que no me atrapaba tanto una historia “con muchas historias” dentro de sí. Es como volver a leer las Mil y una noches, pero reinventada, en un contexto moderno y enriquecedor. Como debe ser un buen libro. Como a mí me gusta.                                                                   


Por un lado, estamos ante el relato de Osama Al-Kharrat (este es de los buenos) quien, ante la agonía de su padre, se ve obligado a volver al Beirut que dejó siendo muy joven (cuando en esta ciudad empezaba una guerra civil) para estudiar en los Estados Unidos. Sin embargo, la historia realmente empieza con la invitación del hakawatti ( en la tradición árabe es un contador de historias y los hubo muy célebres) a que prestes atención a su relato: “Escuchad. Dejad que sea vuestro dios. Dejad que os guíe en un viaje hacia los confines de la imaginación. Dejad que os cuente una historia”. Para dar comienzo a las aventuras de Fátima, la astuta esclava del Emir, quien para servir a su señor, parte a visitar a una bruja que le dará un brebaje de fertilidad y así este pueda tener el ansiado hijo varón. Fátima (quien además lleva el nombre de la hija del profeta Mahoma) no sólo es una joven hermosa sino de muchos recursos, tal como las heroínas de las Mil y una noches, y en medio de las aventuras que se ve obligada a enfrentar, también narra historias. Es cierto que la cultura árabe es tremendamente machista, pero las mujeres no están representadas como tontas y hermosas y si acaso, muchas veces no son virtuosas, lo “compensan” con sabiduría e ingenio. Algo que le falta a muchos hombres, para serte sincera. No me dejes mentir.
Por otro lado, también cuenta la historia del abuelo Al- Kharrat, un hakawatti de verdad ,y de cómo se dio inicio a su familia llena de mujeres de gran valor, como las de las historias que le contaba a Osama de niño. Sin querer, transmitió el gusto por contar historias, de manera tal ,que sin saberlo, su hijo Yihad y el propio Osama terminan siendo del alguna manera también hakawattis. Entre cuento y cuento, te vas enterando de otras hazañas que tienen que ver con la tradición y leyenda árabes. Vives muy de cerca la epopeya del príncipe Baybars, conocido como el Sultán Esclavo, sus amigos redimidos por el Islam: el valeroso Othman y la hermosísima Layla (una ex prostituta de gran valor, que no teme ir a la guerra y cuyos consejos propician siempre la victoria) y muchas otras historias que se entremezclan con genios o yinnis, criaturas infernales, brujas malvadas, sexo, guerreros valientes y alfombras mágicas, sin hacerte perder el interés. Todo contado como para que la historia no acabe nunca. Como para prolongar la vida de Farid, el padre de Osama. Exactamente como alguna vez hizo Scherezada para salvar su vida y la de todas las doncellas del Islam.
El instante final, en el hospital, cuando el padre de Osama ya no recupera el sentido, es mi favorito. Este se le acerca a contarle una historia, y así continuar llamándolo a la vida. Luego de años distanciados, luego de haber sido golpeados por la realidad y cuando casi parece que ya no cree en historias, alentado por su hermana Lina, Osama se anima a narrar la última y le dice: “Escucha”.


Abu Shady, el último hakawatti

Por último y para ver si te animas y la lees (si me conoces, te la presto con gusto) te dejo con la impresión, acerca del libro, de una de mis autoras favoritas, top, de tops : Amy Tang.
Así habló mi pata Amy: “Si te apasionan las historias de amor, lee El contador de historias. Si prefieres las aventuras, lee El contador de historias. Si lees para estar informado, lee El contador de historias. Si sólo lees clásicos, también disfrutarás con El contador de historias. Rabih Alameddine es nuestro contador de historias y muy pronto todo el mundo sabrá pronunciar su nombre”.


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