22 jun. 2010

Aventuras en el Ombligo del Mundo

Desde que C y Yo nos casamos decidimos hacer los viajes que de solteros no hicimos, antes de que vinieran los cabezones (léase bebés) y antes de que se nos acaben la plata o las ganas. Por eso, contraviniendo a ciertas tradiciones, léase la típica fiesta en la casa de tal o en el club cual, se nos ocurrió que para el Año Nuevo, debíamos hacer un viaje y recargarnos de energías positivas. Lo más lejos posible de todo y de todos. Para esto, que mejor que el Cusco," ¿no, mi amor?". Y cual fervientes seguidores de “El Secreto” solamente lo deseamos y púm! La circunstancia se dio. Chapamos maletas, ropita abrigadora (me fui de shopping en busca de los calentadores perfectos, yeeee), coca (de aquella que se hierve para tecito, pues), unas galletitas de agua, la cajita de Sorochepills (mi nuevo infaltable para viajes largos y de altura, benditos sean!) y mi bolsita(bolsota, mejor) de caramelos de limón porque, Oh, detalle! El viajecito lo haríamos en bus. Cruz del Sur, primera clase, todas las comidas y 21 horas por delante! Previo discurso de C. sobre el sentido de la aventura y lo hermoso que sería el paisaje. Muy Green Peace, Él.
Costó que me convenciera de volverme la aventurera que ya no soy. Costó, especialmente cuando nuestra agencia de viajes (Red de viajes ,aquí va el cherry) nos dijo que el plumón marcador para redibujar nuestros pompis venía incluido en el paquete. En fin, que hasta Cusco nadie nos para, mi cielo, y todo bien literal. A decir verdad, hicimos dos paradas, una en el Sur (Chincha) y otra en Ayacucho (plena sierra peruana). Decir que el paisaje del camino era bello es decir poco. Espectacular, variopinto, emocionante y no me fue tan mal con la altura, porque, claro, hice uso de mis pastillas y me la pase chupa y chupa mis caramelitos. Lo único pufi fue una niña que estaba delante de nosotros y se la pasó vomitando todo el viaje. Pobre, eso de viajar sólo con el papá no funcionó para Ella y ni hablar de compartir mis pastillas, que no son Desenfriolito, tampoco. En todo caso, diré que mi recuerdo del bus no huele a aventura.
Cuando llegamos a Cusco me sentí besada por la ciudad. Una fina corriente de aire me dio en la cara. Camino al hotel, tuve que despertar de mi ensueño porque ahí los choferes son tan temerarios como acá. Tu par de ojos no son nada, mi estimada, y cualquier precaución es poca, pero hasta de eso me olvidé cuando empezamos el tour: Koricancha, donde nos agarró la lluvia y compré las caperucitas de plástico porque, para variar, paraguas no tenemos, luego Pisac, Quenqo, Urubamba , ósea Valle Sagrado de los Incas y más lluvia, riquísima lluvia, mucha historia y la sensación de estar viviendo algo irreal, algo mágico. Lo que sientes no lo puedes explicar con palabras y tampoco, luego de todo ese paseo te queda aire para hacerlo. Subimos, bajamos, trepamos, andamos en medio de gente venida de todas partes del continente y del resto del mundo. Nuestra apretada agenda nos puso en marcha hacia Aguas Calientes muy pronto. Lo genial es que teníamos nuestra manchita: gente de la Colonia Nikkei, amigos muy entrañables, mis primas-sobrinas-tías (enredos familiares mismo Cien años de soledad) y nos la pasamos chévere. Los desayunos especialmente, juntos, conversando, tomando el cafecito de ley con su pan crocante, rico, con aroma a sierra. Almuerzos en medio de risas, picando la comida de todos, tomando coca caliente. Como buena, hasta enseñé a unos chilenitos (chiquillos ellos) a prepararse un mate, muy seria Yo, con mística para impresionar, cuando la impresionada era Yo. Luego, los microclimas son otra cosa. Puedes pasar del sol a la lluvia con una facilidad que no te la puedes creer. Es como una línea trazada en tierra. De aquí para acá tienes Sol y pasándola llueve un poco ya? pero hasta aquí no más, ok? Porque le toca de nuevo al Sol…
Foto 1) Palacio Koricacha, vista exterior. Foto2) Plaza de Armas

Fotaleza de Sacsayhuamán
Plaza de Armas. Víspera de Año Nuevo

Valle Sagrado
El Año Nuevo nos cogió a todos en el hotel de Aguas Calientes. Yo medio calata, vistiéndome con todo lo que pude hallar porque afuera llovía a mares (Como no había visto desde nuestro viaje a Brasil, y hasta creo que más) y casi peleando con C. porque soy una demorona de michi. No pude hacer todas las cábalas que hago año tras año. Nada de bañarse con flores y perfumes, ni doce uvas, ni deseos al comerlas, salvo mis lentejas de rigor. Tengo esa tonta costumbre de llenar mi monedero de lentejas, dizque para que no me falte el dinero. Sea por esto o porque me mato trabajando aunque no lo parezca, hasta ahora, me ha ligado. En fin, terminé saliendo apurada repartiendo lentejas a todos mis amigos y a C., con su besito de por medio, y así se deje de joder un poco, ¡que es Año Nuevo! Hasta la cena fiesta danzant , nadie nos para…pero claro, no vale demorarse mucho porque el guía nos recogía a las 5 de la madrugada para nuestro amanecer en Macchu Picchu.
No quiero ser agualete, pero si Cusco es una ciudad que te cuesta un ojo de la cara, Macchu Picchu te deja ciega. Un sándwich de pollo, modelo croissant te cuesta 24 soles, Plop! No sé pues, lo hizo quién y en qué museo está ahora? Pero bueno, para un turista extranjero pagar 8 dólares les parecerá rebaratísimo, supongo y todo está orientado a eso, en realidad. Pero en fin, siempre puedes llevar tu propia comida con tus bolsitas para la basura, no seas cochineli, por fa. Y no te olvides de llevar tu remolque. Yo tenía a C. que cada que me cansaba me cogía por un brazo y me llevaba cual bulto porque ya no podía respirar y mis pobres piernas, con el sobre entrenamiento de los días anteriores, parecían no poder dar un paso más, pero lindo mi amor, siempre salvando a esta pobre China.



Decirte que Macchu Picchu es espectacular es ser repetitiva, ¿no? Pero lo es, mil veces lo es y vale la pena tanto sufrimiento y tanto calor que te soplas una vez que el Sol, que hasta entonces ni se había asomado, hace su entrada triunfal y despeja toda esa neblina que ya te estaba haciendo maldecir a los Apus (señores de los cerros) porque no podías ver nada, de nada. Pero ahí está el Wayna Picchu (el inca joven), la ciudadela y sus camélidos preciosos , pastando tranquis , como si Tú no estuvieras ahí. Ahora, a ver, trépate hasta lo alto de la Casa del Vigilante para que tengas la panorámica de rigor, toma tus fotos y disfruta del aire fresco que eso no hay en Lima. Si puedes y no genera ningún desequilibrio ecológico, haz tu pago a la tierra: ofrece tu hojita de coca y tu lentejita a la Mama Pacha (Madre Tierra) para que no te falte la platita y la salud, pero sobre todo, da las gracias a Dios por qué naciste en esta tierra bendita, donde hay tanto que ver y tanto que disfrutar como la maravilla que tienes ante tus ojos.


El retorno a la ciudad,no te lo aconsejo en tren cuando es de día pues hace un calor tan sofocante como el de Piura y por ninguna ventana entra el suficiente aire. Esa fue mi realidad de Perurail, clase económica. Ahora, si tienes un poco más de 300 cocos para pagar tu Hiram Bingham, bien por ti y grande má! Pero te aconsejo que te aprietes un poco el cinturón porque lo que tienes para comprar en las ferias es mucho y no tan barato. Eso sí, no dejes de comer tu choclo con queso en la estación porque no hay nada igual por Lima. Esos choclos tienen unas muelas tan grandes como las de Magaly y las mamachas te los dan calentitos, de la ollita a tu panquita y de la panquita a tu boquita. Rico.
De vuelta en la ciudad me agarraron unas ganas de quedarme, tan fuertes, que hasta ahora creo que podría vivir allí, especialmente cuando conocimos a Kyi , una japonesa que vino de turista y se quedó flechada por la belleza de la ciudad imperial. Más criolla que cualquiera de nosotros, Kyi se conoce cada riconcito y se las sabe de todas, toda pues trabaja en turismo. Muy expresiva, muy conversadora como no te puedes imaginar a una japonesa y creo que todos quedamos encantados con Ella, nos comentaba lo que ya habíamos notado: que les falta mucho en cuanto a atención al turista, para alcanzar siquiera a Lima. Suponemos que es porque la gente no para de llegar y ya se sobraron, que te hacen esperar un ratazazazo para darte una pizza a la leña, en una noche en la cual no hay tanta gente en el local de tu elección. O que si un cliente rompe algo sin querer, casi te hacen un juicio, en lugar del clásico “no se preocupe, ahora limpiamos esto” al cual nos acostumbramos en la capital. Pero bueno, digamos que nada es perfecto y que todo lo demás compensa estos antipáticos detalles. Aclaro que esto último no me pasó a mí, aunque conociendo mis torpezas, bien pudo ser, pero nones.Testigo soy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que che-ve-ree¡¡¡¡¡¡¡¡ guauuu, se me hace genial recibir un Año Nuevo viajando, se me hace una exelente cabala¡¡¡, que mejor si es en cuzco por supuesto, no tengo palabrasss exelente¡¡¡¡ te dire pese a mi digamos buena memoria, soy malisima para los nombres mas si se tratan de pueblitos, asi que si no fuera por que conservo algunas fotos de cuzco, creo que yo misma dudria que alguna vez estube hay mismo jeeee, bueno cuando viaje, no tenia una camara digital, entonces las pocas fotos que conservo, me sirven para no olvidar que stuve en Cuzco jeeee (Yesennie)