Érase una vez, el año pasado, en medio de una conversación de amigos de chamba, que surgió la idea de ir a algún lugar de la ciudad, donde hay personas menos favorecidas que nosotros y compartir algo en Navidad. Al principio, el tema iba por la típica chocolatada con panetón, pero con el paso de los días se nos sumaron más personas a la causa y nos pusimos ambiciosos. Y es que, buscando a quien ayudar, conocimos el Pronoei “Mis primeros pasos”. Pronoei son las siglas de Programa No Escolarizado de Educación Inicial, a cargo del Ministerio de Educación y dirigido a niños de 3 a 5 años que viven en zonas marginales o de extrema pobreza. Bajo un enfoque intercultural, un Pronoei, busca rescatar el conocimiento y la valoración de las creencias de cada comunidad, el comportamiento, las prácticas culturales de crianza y los valores. Los hay en todo el país, como en este asentamiento humano con nombre que suena a heroína de tv novelas : Martha Milagros, donde la arena está por todos lados, en un lugar tan alto que de noche puedes ver la ciudad llena de luces artificiales que parecen una prolongación del cielo estrellado y hasta sientes que lo puedes tocar.
Si bien, el Ministerio les provee del lugar y de la maestra, así como ciertos materiales para que puedan estudiar, todo lo demás corre por cuenta de la comunidad, que es la llamada a ponerse las pilas y procurar el bien de estos niños, ya que el Pronoei, aunque tiene valor oficial, no es estrictamente una escuela. Pues bien, a veces, cada cual está tan inmerso en sus propias cosas que la indiferencia acaba por acompañarte a todas partes. Digamos que lo que encontramos, en Martha Milagros fue una casita venida a menos, con las paredes de triplay desgastadas, sin color, con unas llantas de auto por todo juego, en medio del arenal, con rejas despintadas y sin vida. Totalmente dejada a la buena de Dios y a los esfuerzos de la maestra Esther, que hacía lo que podía para mantener el optimismo y que los niños sigan yendo a clases.
Entonces, pusimos manos a la obra y la transformamos (como puedes ver en la foto). No fue fácil. Hubo que “tirar lampa”, embarrarse de pintura, levantarse temprano y trabajar en días feriados. Lo cual parecerá imposible si ves nuestros cuerpos decadentes o las pancitas cheleras de los muchachos , pero no te dejes guiar por las apariencias. Todo salió mejor de lo que pensamos. No sólo pudimos resanar el aula de los niños sino, que además nivelamos el suelo, armamos un caminito y colocamos columpios y una cerca para que estuvieran más seguros y para abarcar otra aula que estaba en desuso. Lo que hizo que las autoridades ya no cerraran "Mis primeros pasos"(sentenciado por falta de apoyo de los pobladores), sino más bien dieran el visto bueno para utilizar la nueva aula y recibir más niños. Todo gracias al buen corazón de las personas que nos ayudaron. A veces no tengo mucha fe en el mundo pero cuando veo que desinteresadamente las personas se ayudan, aún sin conocerse, como que siento que hasta Yo puedo llegar a ser mejor y eso es mucho decir.
El día central, digámoslo así, aparecimos con regalos, Carito y su show de Navidad (con una minifalda que dejó a más de un chibolo confundido :P), Papá Noel, Ben 10 y hartos globos y música. Volvimos a ser como niños, bailamos, cantamos y nos sentimos bien navideños. No faltó el chocolate y el panetón , por supuesto. También se desató una mini batalla campal entre la chibolada por subirse a los columpios y ahí probé que no tengo dotes de madre porque queriendo persuadir, toda cariñosa Yo, a un niñito de que plantarse en lo alto de la resbaladera y no moverse de allí estaba mal, lo hice llorar…y salí disparada, antes de que me tire dedo. Ahí que se maten entre ellos…pero no, la cosa salió bien chévere y hubo tanta alegría que nos quedaron enormes ganas de volver.
Y así, este año, volvimos a Martha Milagros, no con chocolatada porque ya hace calor ( y porque casi se nos quemaron un par de niños el año pasado), sino con otras cosas más fresquitas y nuevo show. El objetivo fue mejorarles el baño, implementar unos juegos didácticos (porque no tienen casi nada)y colocar cemento en por lo menos uno de los patios. Conmovedor para mi fue ver que, a falta de jueguetes, han hecho una cocinita (de mentiritas) con unas cajitas de cartón dibujadas. Me recordó el ingenio que Yo le ponía a crearme mis jueguetes. Solita me implemetaba el depa completito, jajaja. Un cepillo de lavar ropa era el teléfono inalámbrico , solamente que Yo hacía todo esto por exceso de creatividad y no por que lo necesitara. Imposible evitar un nudito en mi garganta.
Todos quisiéramos que en un futuro cercano, el Pronoei sea de material noble, pero eso va a tomar un poco más de tiempo y quién sabe si tendremos la ayuda, el empuje y las ganas. No me olvido que hasta el corazón más cálido le puede llegar el invierno, pero tampoco que hay algo que se llama esperanza (Oh, aquí puedo insertar la canción de Diego Torres...pero la odio...maaalaaaa). Martha Milagros no es una zona urbana todavía, no hay agua potable, ni calles asfaltadas, ni parques, tampoco desagüe, así que nos tocaría trabajar mucho. Planes hay y con voluntad, creo que podemos. Sé que la Navidad no es llegar una vez por año a un lugar y dar obsequios. Lo sé muy bien. No se trata de ser gentiles solamente en esas fechas sino más bien, reconocer que no somos perfectos, ni tan buenos como a veces nos creemos, e intentar mejorar. He visto muchas personas ser indiferentes a nuestro proyecto. Algunos prometieron lo que no estaban dispuestos a dar y otros, simplemente pasaron de largo. Pero no los juzgo mal. Cada uno sabe lo que puede dar y da lo que tiene, pero lo escencial es que nos ha quedado en el corazón como una astillita a todos los que pusimos en marcha esto. Un sentimiento de que podemos hacer más y que si nos ponemos las pilas, pues también podemos hacer mucho bien.
Si bien, el Ministerio les provee del lugar y de la maestra, así como ciertos materiales para que puedan estudiar, todo lo demás corre por cuenta de la comunidad, que es la llamada a ponerse las pilas y procurar el bien de estos niños, ya que el Pronoei, aunque tiene valor oficial, no es estrictamente una escuela. Pues bien, a veces, cada cual está tan inmerso en sus propias cosas que la indiferencia acaba por acompañarte a todas partes. Digamos que lo que encontramos, en Martha Milagros fue una casita venida a menos, con las paredes de triplay desgastadas, sin color, con unas llantas de auto por todo juego, en medio del arenal, con rejas despintadas y sin vida. Totalmente dejada a la buena de Dios y a los esfuerzos de la maestra Esther, que hacía lo que podía para mantener el optimismo y que los niños sigan yendo a clases.
Entonces, pusimos manos a la obra y la transformamos (como puedes ver en la foto). No fue fácil. Hubo que “tirar lampa”, embarrarse de pintura, levantarse temprano y trabajar en días feriados. Lo cual parecerá imposible si ves nuestros cuerpos decadentes o las pancitas cheleras de los muchachos , pero no te dejes guiar por las apariencias. Todo salió mejor de lo que pensamos. No sólo pudimos resanar el aula de los niños sino, que además nivelamos el suelo, armamos un caminito y colocamos columpios y una cerca para que estuvieran más seguros y para abarcar otra aula que estaba en desuso. Lo que hizo que las autoridades ya no cerraran "Mis primeros pasos"(sentenciado por falta de apoyo de los pobladores), sino más bien dieran el visto bueno para utilizar la nueva aula y recibir más niños. Todo gracias al buen corazón de las personas que nos ayudaron. A veces no tengo mucha fe en el mundo pero cuando veo que desinteresadamente las personas se ayudan, aún sin conocerse, como que siento que hasta Yo puedo llegar a ser mejor y eso es mucho decir.
El día central, digámoslo así, aparecimos con regalos, Carito y su show de Navidad (con una minifalda que dejó a más de un chibolo confundido :P), Papá Noel, Ben 10 y hartos globos y música. Volvimos a ser como niños, bailamos, cantamos y nos sentimos bien navideños. No faltó el chocolate y el panetón , por supuesto. También se desató una mini batalla campal entre la chibolada por subirse a los columpios y ahí probé que no tengo dotes de madre porque queriendo persuadir, toda cariñosa Yo, a un niñito de que plantarse en lo alto de la resbaladera y no moverse de allí estaba mal, lo hice llorar…y salí disparada, antes de que me tire dedo. Ahí que se maten entre ellos…pero no, la cosa salió bien chévere y hubo tanta alegría que nos quedaron enormes ganas de volver.
Y así, este año, volvimos a Martha Milagros, no con chocolatada porque ya hace calor ( y porque casi se nos quemaron un par de niños el año pasado), sino con otras cosas más fresquitas y nuevo show. El objetivo fue mejorarles el baño, implementar unos juegos didácticos (porque no tienen casi nada)y colocar cemento en por lo menos uno de los patios. Conmovedor para mi fue ver que, a falta de jueguetes, han hecho una cocinita (de mentiritas) con unas cajitas de cartón dibujadas. Me recordó el ingenio que Yo le ponía a crearme mis jueguetes. Solita me implemetaba el depa completito, jajaja. Un cepillo de lavar ropa era el teléfono inalámbrico , solamente que Yo hacía todo esto por exceso de creatividad y no por que lo necesitara. Imposible evitar un nudito en mi garganta.
Todos quisiéramos que en un futuro cercano, el Pronoei sea de material noble, pero eso va a tomar un poco más de tiempo y quién sabe si tendremos la ayuda, el empuje y las ganas. No me olvido que hasta el corazón más cálido le puede llegar el invierno, pero tampoco que hay algo que se llama esperanza (Oh, aquí puedo insertar la canción de Diego Torres...pero la odio...maaalaaaa). Martha Milagros no es una zona urbana todavía, no hay agua potable, ni calles asfaltadas, ni parques, tampoco desagüe, así que nos tocaría trabajar mucho. Planes hay y con voluntad, creo que podemos. Sé que la Navidad no es llegar una vez por año a un lugar y dar obsequios. Lo sé muy bien. No se trata de ser gentiles solamente en esas fechas sino más bien, reconocer que no somos perfectos, ni tan buenos como a veces nos creemos, e intentar mejorar. He visto muchas personas ser indiferentes a nuestro proyecto. Algunos prometieron lo que no estaban dispuestos a dar y otros, simplemente pasaron de largo. Pero no los juzgo mal. Cada uno sabe lo que puede dar y da lo que tiene, pero lo escencial es que nos ha quedado en el corazón como una astillita a todos los que pusimos en marcha esto. Un sentimiento de que podemos hacer más y que si nos ponemos las pilas, pues también podemos hacer mucho bien.
Llevarles un show musical nos ha parecido el mejor método para procurar alegría, pensando un poco que la alegría genera felicidad y la felicidad, motivación. Un niño con motivaciones va a procurar volcar su felicidad y traducirla en metas, en proyectos, en bienestar para los demás. No digo que sólo por esta única vez, pero me hace feliz pensar que les puede quedar el recuerdo, algo que les haga sonreír. No importa si nunca saben nuestros nombres, importa cómo es que se sienten.
Comparto esto contigo, no para que pienses que soy buena. Con sinceridad, estoy bien lejos de serlo. Yo, una persona tan egoísta, vanidosa, rencorosa y orgullosa , siento enorme verguenza de no poder ser más desprendida con mis cosas, con mis defectos, por ocuparme tanto de mis problemas, que no son nada comparados con las penurias que estas personas tienen que pasar para poder tener las cosas básicas, como agua o luz, que a mí me sobran. Pero se me ocurrió que tal vez "Mis primeros pasos" te pueda servir de inspiración. Eso que buscamos desesperadamente en los blogs de moda o simplemente en cualquier rincón de la web. Que Yo busco. Hoy quiero traducirlo en otra cosa, en algo que pueda hacerte sentir que la belleza de verdad perdura en tus acciones. No es necesario que lo hagas en Navidad, es más, no DEBES, sino que lo importante es que lo intentes todo el año, toda tu vida através del compartir. Deja ir tu buena suerte,tu bendición o como sea que le llames. Con toda seguridad, retornará a ti, aunque no sé decirte la forma, pero ¿quién te asegura que no va a volver, al menos con una sonrisa agradecida? La niña de esta foto, me abrazó y me dió un beso. Se llama Maité y es todo lo que sé de ella, además que estudia en el Pronoei. No la conozco, no sé quiénes son sus padres, ni exactamente por donde vive, pero te aseguro que en ese momento y hasta hoy, no me pareció necesario para quererla de corazón.




















