19 jul. 2011

La heroína que (NO) vive en mí

Dibujo tomado de http//media.mobango.com
Digamos que a veces, cuando me da por ser buena, la cago formalmente. Y disculparás la alusión tan directa a algo tan poco aromático, pero es que es la puritita verdad. Mi terapeuta me insiste en que, tal descripción, se trata de una distorsión del pensamiento. Esto de creer que las cosas me salen cuadras y yo soy la culpable, pero finalmente, sólo es su manera más educada y más científica de referirse al hecho.
Hace dos sábados luego de una empachada romántica de chicharrones en el desayuno con mi media naranja (que ya pinta pa’ limón, porque cada día está más flaco) llegamos a casa de mi papá y lo encontramos en la puerta de su cochera con ganas de tumbarse el pequeño baño que ahí tiene (¿Lo tumbo?¡Túmbalooo!). Tarea harto difícil, si tenemos en cuenta su avanzadísima edad y que por toda herramienta tenía su bastón con mango de dragón (extravagancias de mi viejo ¿qué quieres que te diga?), así y todo, el fondo del hecho era que el venerable intentaba desfogar, entre otras cosas, la frustración de depender de todos para todo, pero en fin, para reanimarlo y que se distraiga de su complejo demoledor, le propuse una vuelta al parque ¿sale? Propuse, es muy elegante, pues prácticamente lo obligué. Yo que jamás cruzo más de cuatro palabras con él porque somos como el agua y el aceite, como Fidel y los Estefan, como María la del Barrio y Soraya, como Alan y Toledo (¡Aaagggg! Pero más bonitos, ¿ya?) o como Manolito y Susanita (así está mejor) , ósea, no nos toleramos, no hacemos click, la diplomacia no se nos da, cero en conducta para los dos…así, con todas las razones del mundo que tenemos para repelernos y sacarnos nuestros trapos sucios al fresco a la menor oportunidad, pues nos fuimos a dar la vuelta. El bicho que me picó se llama compasión. Es una persona anciana, que está a la vuelta de la vida. Y no es que Yo crea que por ser más joven voy a vivir más, eso no lo sé y no me preocupa. El tema es que pensé que no puedo ser siempre una tipa tan indiferente, que paga las cuentas y se limita a mirar de lejitos como a alguien que alguna vez me paseaba, le van cayendo los años, por más frialdad que pueda haber entre nosotros. Explicar lo difícil de nuestra relación demandaría muchos post, se me borrarían las huellas digitales en el proceso de tipear y a ti te quedaría el ojo seco en el de leer (quemarías bien feo, ¿eh?) así que por tu salud mental…me voy a abstener de la retrospectiva.


En fin, habiendo andado algo de cuadra y media hacia el parque, el Don se cansó y decidimos volver a casa. Previamente, la conversación había ido y venido de su padre a su madre, de sus hermanos a sus sobrinos, de las haciendas de su padre a sus casas en Lima. Corrijo: monólogo ,porque hay que ver que por más que le dije : “Mejor no hablemos de eso, que te hace daño y de verdad no quiero hablar”, mi inefable progenitor, so pretexto de que creemos que es sordo (cuando le conviene escucha hasta el pedo de una pulga), se zurró en mis sugerencias y siguió de largo, como corrido mexicano ♪ayayayaayyyyyyyyy ♫♪… y cuando nos tocaba bajar un escalón, porque tampoco soy tan bruja para dejarlo a la buena de Dios, ofrecía mis servicios como segundo bastón, el caballero, nada que ver conmigo, que él puede solito y pon primera y arranca, hijita. Pudo y pudo…hasta que ya no pudo y zás! Casi se me va al piso. Mejor dicho se me fue en cámara lenta y todo, pero igualito se golpeó la muñeca. Te juro que nunca pensé que un anciano pesara tanto y que fuera tan complicado luego, regresarlo a su casa y ponerlo a buen recaudo, on his bed. Lo que vino después implicó emergencia, Rayos x y yeso por un mes. No sin que antes se opusiera categóricamente a que lo lleve a la Clínica Internacional, porque según él que ahí, la última vez que lo internamos, los médicos y las enfermeras conspiraban para matarlo. Es que esa es otra historia de cuando hizo un cuadro medio complicado y se les puso rebelde sin causa al personal de la clínica y los amenazó con darse solito de alta y demandarlos una vez fuera, porque no le dejaban escaparse, como era lógico. Aquella vez jugó un papel importante en el embrollo el sentido del humor de mi hermana que a veces es medio retorcido. Les había dicho a las enfermeras que si se portaba mal, lo amarren y a la primera, las señoritas, le tomaron la palabra. Yo no sé cómo es que no lo declararon persona no grata y pusieron su foto con alguna leyenda para impedirle la entrada a este buen hombre luego de la interminable sarta de adjetivos y palabrotas que utilizó para lograr su libertad, que dicho sea de paso, no le sirvió de nada, porque si lo soltaban de que se escapaba, se escapaba y ahí sí se armaba el tole-tole de verdad. Pero esta vez, me puse ♪rabiosa♫ rabiosa ♫ y lo arrastré a la clínica. Solamente estuvimos un par de horas, en lo que le tomaban las placas y le colocaban el yeso. Claro, para variar tuve que casi mecharme (como buena hija de mi padre) para que lo atiendan rápido en emergencia. Digo Yo, la palabra “emergencia” ¿no implica acaso que uno no puede esperar para ser atendido? En una clínica, por lo general es así, además, sábado en la tarde suele estar más vacía que Lima en Semana Santa, pero todavía nos querían hacer esperar. Con mi viejo en una silla de ruedas y más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, me metí por todas partes para que lo atiendan y le dije :”Quéjate, viejo, exagera” y el más obediente, de nuevo, ♪♫ayayayayyyyyy♫♪, entonces y solamente entonces, dramatización mía también de por medio, nos atendieron y lo llevaron a Rayos X. Por el camino y antes de entregarle el Oscar a mi papi, le dije “Buena, papá, nos ligó”, pero la mera verdad, me dijo, es que le dolía como la madre y solo estaba siendo natural, ¡Ay, Chú! Yo que pensé que teníamos un actor en la familia.


Con su brazo enyesado, más allá de lo evidente, lo regresé a casa y creo que eso fue lo que secretamente me agradeció, que no lo dejara en la Clínica del Mal, donde amarran a los señores decentes, oye. Claro, ahora cada que puede cuenta lo bien que me porté y hasta dice, muy sorprendido y muy sincero:” Es bien viva, la China”… ¿Oe, qué?, ¿recién te das cuenta? Jejeje…hasta dice que lo salvé, en pocas palabras: soy su heroína de capa caída, su Santa China de Lima, la aceituna del Martini…se siente de lo más raro, pero supongo que así es su manera de agradecer. ¿Será que me avergüenza que esa gratitud camuflada en elogios provenga de mi antagónico mayor? De un día a otro no podemos borrar una vida de malas relaciones pero creo que siempre es posible dibujar una nueva, reinventarla. Por supuesto, el Don, no me la pone fácil. Las ligas que me ha dado mi terapeuta para controlar mi ansiedad respecto de mi madre y su cantaleta en Ciudad Peluche (vieras, esa tía es otra que se las trae) y que debo jalar y jalar para recordar que tengo que tranquilizarme y respirar para no caer en el vicio de las peleas,el resentimiento y la culpa; las pobres ligas , digo, me las he reventado entre él y mi jefe.

Pero bueno, de momento, las cosas están así. Fuí Superchina y no morí en el intento. Tal vez no vuelva a llevar a mi padre a dar la vuelta por el parque nunca más, tal vez sigamos intercambiando el mismo cuarteto de frases y de pronto me den más ganas de mandarlo a volar en parapente (que lo he pensado mucho, jeje) o Yo siga hablando y Él negándose a escuchar, so pretexto de su sordera, pero lo cierto es que si hablamos de dibujar, ya le hice un Rolex en la muñeca enyesada y por si acaso (sólo por si las moscas)no he guardado todavía la capa. No sea que me toque alguna otra vez, acudir a su rescate y luchar por la justicia.